La otoplastia es la intervención quirúrgica que corrige algunas malformaciones de la oreja externa, sobre todo las orejas despegadas («de soplillo»). Los niños en edad escolar suelen ser objeto de burlas y a veces tienden a aislarse para evitarlas.
La forma más sencilla de ocultar unas orejas despegadas es llevar el pelo largo. La otoplastia, en cambio, corrige el defecto sin afectar a la audición. Puede realizarse ya a los 5–6 años, porque a esa edad la oreja casi ha completado su desarrollo.
La intervención no deja cicatrices visibles, ya que las incisiones se hacen en la cara posterior de la oreja. A partir de los 14 años, o antes si el paciente colabora, puede realizarse con seguridad con anestesia local. En los niños pequeños que no pueden colaborar se aplica sedación durante la intervención, que suele durar una hora y media.
El paciente permanece en observación unas dos horas antes de volver a casa. Durante una semana aproximadamente se lleva una cinta alrededor de la cabeza para mantener las orejas en su nueva posición.
Después se aconseja llevar una cinta deportiva otras dos semanas, sobre todo por la noche, para evitar movimientos involuntarios que puedan comprometer el resultado.
Los puntos se retiran a los doce días aproximadamente.
