La creciente demanda de tratamientos poco invasivos pero muy eficaces lleva a la cirugía plástica a explorar nuevas técnicas. Los pacientes buscan rejuvenecimiento y mejora del fotoenvejecimiento, de las alteraciones de la pigmentación, de las arrugas y de la flacidez.
Hoy existen varias opciones, como el resurfacing con láser y los peelings químicos. Sin embargo, son tratamientos ablativos: destruyen la epidermis y sobre todo la membrana basal, que se sustituye por una epidermis más fina, sin papilas dérmicas. La destrucción de la epidermis desencadena una reacción inflamatoria que estimula a los fibroblastos a producir colágeno nuevo, pero con una orientación distinta de la normal. La piel nueva es más sensible al sol y puede presentar alteraciones del color; tras los métodos ablativos también son posibles cicatrices invalidantes.
El microneedling, en cambio, pone en marcha la cascada de la cicatrización con síntesis de colágeno, sin cicatrices. La inducción percutánea de colágeno crea miles de microlesiones a través de la epidermis hasta la dermis papilar. Estas diminutas heridas producen un sangrado superficial, un potente estímulo para el proceso normal de reparación.
Son buenos candidatos quienes tienen arrugas faciales, cicatrices (acné, varicela, quemaduras) o flacidez cutánea (rostro, abdomen, brazos, piernas, muslos). La zona debe prepararse cuidadosamente en casa durante al menos tres semanas, mejor más, con productos específicos.
El microneedling suele realizarse con anestesia tópica y sedación ligera. La recuperación dura 4–5 días. Después del tratamiento, el paciente debe seguir estrictamente las indicaciones del médico. La síntesis de colágeno nuevo no es inmediata: los resultados se ven al cabo de unos meses y las sesiones pueden repetirse según sea necesario.
El microneedling es una excelente herramienta del cirujano plástico contra los signos del envejecimiento: prácticamente sin complicaciones, relativamente económico y poco exigente para el paciente.
