¿Es seguro el lipofilling mamario?

Desde hace más de un siglo los cirujanos utilizan la grasa para aumentar el pecho y mejorar su forma, con métodos diversos y resultados variables. A partir de los años ochenta, con la llegada de la liposucción, los artículos científicos sobre el injerto de grasa autóloga se multiplicaron. La técnica generó un largo debate sobre su seguridad hasta que, en 1987, la Sociedad Americana de Cirugía Plástica y Reconstructiva la desaconsejó por unanimidad. El motivo era que la mayor parte de la grasa injertada no sobrevivía y que el organismo responde a la muerte celular formando calcificaciones, que podían dificultar el diagnóstico del cáncer de mama. Durante años el lipofilling mamario fue tabú.

Sin embargo, otros estudios de la misma época mostraron que las calcificaciones también son frecuentes tras la reducción y el aumento de pecho, sin que esas intervenciones se prohibieran. Hoy, gracias a la mejora de las técnicas diagnósticas, los radiólogos distinguen con gran fiabilidad las calcificaciones malignas de las benignas causadas por cirugías previas. Esto permite usar el injerto de grasa con seguridad. La extracción, la preparación y el injerto siguen reglas bien establecidas.

El injerto de grasa autóloga puede usarse con fines puramente estéticos, como aumentar el volumen, corregir asimetrías o deformidades, corregir el «rippling» tras un aumento de pecho, o como apoyo a la cirugía reconstructiva. Bien realizada, la técnica parece totalmente segura.

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