El vaginismo es un trastorno sexual bastante frecuente (hasta el 2 % de las mujeres) que tiende a agravarse con el tiempo. Consiste en una contracción involuntaria y refleja de los músculos del periné, la vulva y el orificio vaginal, asociada al miedo a la relación sexual, que hace la penetración imposible o muy dolorosa (dispareunia). A menudo hay un importante componente psicológico y emocional, que puede impedir incluso una simple exploración digital en la consulta ginecológica.
El trastorno puede estar ligado a recuerdos traumáticos, pero a menudo no tiene relación con experiencias sexuales negativas. A veces se crea un círculo vicioso: el miedo a la penetración provoca un espasmo de los músculos del periné, que impide la penetración y puede acompañarse de sudoración, náuseas y vómitos. El vaginismo puede abordarse de varias formas: la psicoterapia es muy importante, con entrenamiento autógeno y técnicas de relajación muscular, y también se usan lubricantes, anestésicos locales y relajantes musculares.
También se proponen dilatadores progresivos para vencer el espasmo y los ejercicios de Kegel. En algunos casos puede ser útil la cirugía, sobre todo cuando el himen es especialmente fibroso. Otra forma de tratamiento son las inyecciones de toxina botulínica.
La toxina botulínica es un neuromodulador que en medicina estética se usa sobre todo para reducir las arrugas del tercio superior del rostro, pero cada vez más también para muchos otros trastornos. La inyección relaja los músculos en espasmo y permite la penetración a los pocos días. Después mejora también el aspecto psicológico y, según la literatura científica, la gran mayoría de las parejas puede iniciar una vida sexual normal.
El tratamiento se realiza en la consulta y dura pocos minutos. En casos seleccionados puede combinarse con una sedación ligera. Las pacientes pueden volver enseguida a sus actividades. Vea también el rejuvenecimiento íntimo.
